Andando en el Espíritu: Circuncidar y Madurar

Isaías 11: 1-2 Están siendo derramados sobre la congregación los Espíritus de Inteligencia y Sabiduría de Dios. Para poder recibirlos y desarrollar nuestro ser es fundamental andar en el espíritu. Tiempo de madurez.

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. No se comunica ni con nuestra alma, ni con nuestro cuerpo sino con nuestro espíritu. Luego nuestro espíritu se comunica con el alma y el cuerpo. Por eso Dios no le habla a nuestra mente sino al espíritu de nuestro entendimiento.

Diseño de comunicación de Dios para con el hombre. Las personas tienen que aprender a desarrollar la comunicación unipersonal: comunicación consigo mismo entre el espíritu, el alma y el cuerpo.

Gálatas 5:16 Digo pues: Andad en el espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne. La versión textual cita al espíritu con minúscula porque no está hablando del Espíritu de Dios sino del espíritu del hombre. Somos nosotros los responsables de andar en el espíritu.

¿Cómo andamos en el espíritu? Estando las 24hs conectados con Dios. Alimentando así a nuestro espíritu: desarrollándolo.

Filipenses 3: 1-9

3:1: La palabra de Dios muchas veces es enviada una y otra vez a nosotros por nuestra seguridad (por misericordia y por nuestra propia conveniencia). Debemos ser sabios para aplicarla e inteligentes para comprenderla. Muchas veces pretendemos que nuestros líderes sean nuestros ojos y oídos y nos quedamos en la niñez y comodidad. Es tiempo de madurar.
3:2 En esa época, los judíos-cristianos intentaban judaizar a los gentiles. Pablo se refería a ellos. En nuestro tiempo, el mutilador del cuerpo es muchas veces el espíritu de religiosidad.
3:3 Somos nosotros quienes “cortamos los deseos de la carne”. Cortamos las alianzas. Circuncisión: hebreo Brit milah. Brit: alianza Milah: cortar.
Dios en este tiempo nos ha hablado una y otra vez acerca de las alianzas (espirituales, almáticas y del cuerpo) que debemos cortar. ¿Por qué aún sigue Papá insistiendo con lo mismo?
Hasta que no dejemos de hacer las cosas por ley y comencemos a hacerlas por convicción y por amor en nosotros no habrá vida, por lo tanto no daremos frutos. (Sepulcros blanquedos).
3:4-9 O confiamos en la carne (nuestros logros y seguridades) o morimos a ellas y decidimos “perderlas” con tal de ganar a Jesús y la fe que proviene de Él.

La justicia de Dios tiene como base a la fe de sus Hijos. Cuando sus hijos crecen y maduran, esta base que es la fe sirve como plataforma para que nosotros ya crecidos construyamos los ámbitos de gobiernos.

Para que su justicia se active es indispensable entregarlo todo. (Estar a cuentas con nuestro adversario).

Gálatas 4:1-7 No somos llamados a esclavitud sino a ser hijos. El hijo conquista y gobierna. Se comunica con su Padre a través de su espíritu.

El hijo no hace alianza con los enemigos de su Padre (somos la circuncisión). El hijo es heredero y por tanto dispone de todas las pertenencias de su Padre (diseños, ángeles, frutos, entendimiento, el Espíritu de Dios). Para ser heredero, es necesario cumplir una mayoría de edad. Para heredar el principado del trono debemos madurar.
El hijo dice lo que oye decir al Padre y hace lo que ve hacer a su padre.

EL HIJO PIENSA CON MENTALIDAD DE REINO: ESTÁ AL SERVICIO DEL REINO

Todo esto suena hermoso y seguramente lo hemos oído y leído ya, pero realmente lo vivimos? Vivimos una vida en el espíritu? Tenemos entendimiento y conocimiento de Dios.
Hay un punto de quiebre en nuestras vidas y ese punto, esa ruptura, esa circuncisión es la que va a marcar la diferencia. El Espíritu de Dios está listo para ser derramado en todos aquellos quienes reciban a Jesús como su señor y a Dios como su Padre.

¿Cómo lo hacemos?

Buscándole, ya no por religiosidad sino por amor, por deseo, por convicción. Usando las herramientas espirituales que el diseño para nosotros:

  • Sujeción
  • Adoración
  • Ayuno
  • Intercesión
  • Aprendizaje de su palabra.

Cuando activamos estos supuestos en nuestro espíritu (no en nuestro intelecto), nos adentramos en su presencia.

Dios anhela que le conozcamos más, de una manera diferente, dejando lo viejo y adentrándonos en lo que El tiene para hoy.

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